La presión por publicar: un desafío de la carrera académica

09 de Julio 2024
Categoría: Columna FIE Prensa

Vía: El Desconcierto

La publicación en revistas indexadas es, para algunos académicos, no un medio necesario para dar a conocer los resultados de una investigación que, significan a la vez, nuevo conocimiento y solución a problemáticas que afectan a la población, sino un medio más para otros fines menos científicos.

Para lograr un desarrollo como país es fundamental la creación de conocimiento como elemento central para mejorar la calidad vida y progreso. El conocimiento es clave y es gracias a la investigación científica que la sociedad ha logrado avanzar y modificar su realidad circundante, favoreciendo la prosperidad económica, mejorando los procesos productivos, disminuyendo las brechas de desigualdad y avanzando hacia estándares desarrollados.

La sociedad ha entregado a la universidad la responsabilidad de crear y gestionar ese conocimiento. Podría afirmarse entonces que se incrementa la importancia atribuida a las universidades como motor principal de la competitividad económica en una economía global conducida por el conocimiento, por cuanto se destaca su contribución a la formación de capital humano y al desarrollo de bases de conocimiento científico-técnico cada vez más sofisticadas.

Las universidades enfrentan una fuerte presión por rendir en términos de desempeño, ante lo cual tratan de adaptarse al cambiante entorno científico que ha alterado los procedimientos tradicionales de investigación, los criterios de evaluación de calidad y los tiempos de producción científica.

En este contexto, el cambio cultural y evaluativo en torno a la producción científica ha acentuado la presión por publicar, por cuanto se ha establecido un sistema donde publicar o perecer no sólo orienta la mayoría de los esfuerzos científicos, sino que también se presenta como una adaptación a las demandas de los diferentes modelos de calidad y acreditación.

La necesidad de dar a conocer al mundo científico el resultado de una investigación parece un hecho incuestionable que acompaña al progreso de las ciencias. Hoy en día no se concibe un crecimiento de la ciencia sin un compartir generalizado, que se da mediante las presentaciones en eventos científicos y en las publicaciones. Sin embargo, el estrés por publicar, la estandarización científica y la falta de innovación y sorpresa en las investigaciones se han vuelto cada vez más comunes.

Además, la diseminación del conocimiento científico suele ser un proceso lento. Las revisiones editoriales por pares y las correcciones suelen llevar semanas, a veces incluso meses o años. Luego hay que añadir la edición y finalmente la publicación. Este proceso intenta garantizar la calidad de la información diseminada, ya que una vez publicado, el artículo se somete a la opinión del resto de la comunidad científica, la cual lo analizará críticamente, comentará y eventualmente reproducirá, refutándolo o aceptándolo.

Es en este escenario que la planta académica se ve expuesta a una presión por adaptarse a un patrón investigador centrado en la producción de artículos y en la capacidad para conseguir fondos económicos.

Por tanto, los investigadores e investigadoras se enfrentan a un sistema de evaluación que presiona más sobre la cantidad que sobre la calidad, lo que origina muchas veces un conflicto entre ambas, debido a que este investigador quiere mantener su capacidad de investigar y su cargo, quiere ser el primero en divulgar un avance o descubrimiento, siente la necesidad de tener presencia y quiere ser reconocido tanto por la comunidad científica como por las autoridades y los organismos financiadores o evaluadores.

El problema surge cuando la publicación deja de ser un instrumento al servicio de la investigación y se convierte en un objetivo en sí misma. Cuando esto ocurre, y ante la necesidad de generar numerosas publicaciones, los académicos pueden caer en la práctica de malas conductas científicas (o fraude científico), que tiene como resultado la publicación de artículos de baja calidad científica, mal escritos, con errores en la redacción, marcos teóricos poco prolijos, metodologías descritas en forma incompleta, escasa elaboración o mala interpretación de los resultados, discusiones poco informadas, y referencias incompletas o mal citadas.

Este tipo de comportamiento es reflejo de la falta de honestidad científica en el investigador, quien realiza acciones que quedan afuera del estándar ético necesario para las investigaciones científicas.

Entre estas conductas se encuentra la fabricación y falsificación de datos, cuando se produce la manipulación engañosa de imágenes, las publicaciones redundantes o en temáticas que no son de relevancia, las publicaciones fraccionadas injustificadamente, el exceso de autocitas, la incorporación de coautores que no cumplen los requisitos básicos de autor, la no declaración de conflictos de interés, el autoplagio y el plagio.

También se da el caso de la publicación de artículos científicos en revistas depredadoras, que son aquellas que no aplican adecuados mecanismos y estándares de calidad en los procesos de evaluación externa. Estas revistas solicitan manuscritos por los que cobran sin proporcionar los servicios editoriales y procedimientos de calidad (como la revisión por pares) que constituyen las principales señales de identidad de las publicaciones con rigurosidad científica.

Por fortuna estas prácticas aún no están generalizadas, sobre todo considerando que la ciencia se basa en la confianza en el trabajo de los demás, donde las investigaciones que se difunden funcionan como motores de inspiración y fundamento para futuras investigaciones.

Sin embargo, sí dejan ver que la publicación en revistas indexadas es, para algunos académicos, no un medio necesario para dar a conocer los resultados de una investigación que, significan a la vez, nuevo conocimiento y solución a problemáticas que afectan a la población, sino un medio más para otros fines menos científicos.

Autor de la columna: Luis Araya Castillo Decano de la Facultad de Ingeniería y Empresa, Universidad Católica Silva Henríquez (UCSH).

Crédito de la foto: Agencia Uno

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