Olga Cuadros Jiménez Académica- Investigadora, Universidad Católica Silva Henríquez

El 19 de abril el Ministerio de Educación definió como fecha para realizar las jornadas nacionales de revisión del reglamento interno con el que deben contar los establecimientos de enseñanza básica y media. El objetivo de la jornada responde a la necesidad de reflexionar, consensuar y ajustar el contenido de este instrumento de gestión, elaborado por cada comunidad educativa, el cual recoge las directrices para el ejercicio y cumplimiento efectivo de los derechos y deberes de todos aquellos que pertenecen a la comunidad educativa.

Aunque es destacable el esfuerzo por orientar la instalación de un proceso colectivo y deliberativo tan relevante como este, a desarrollarse en cada comunidad educativa a nivel nacional, hay que considerar las condiciones de base necesarias para realizar esta actividad. Esto, dado que la evidencia levantada a partir de las experiencias educativas en terreno a través de distintos programas ministeriales, además de la investigación en educación que se desarrolla en el país, indica que los niveles de participación que se dan entre los actores más relevantes de la comunidad educativa; docentes, estudiantes, apoderados, asistentes e la educación y sostenedores, describe un bajo nivel de participación inter estamentaria.

Pero, además, en los casos en que se hace efectiva esta participación, más del 80% corresponde a una participación de carácter pasivo. Esta participación de carácter pasivo se asocia a una actitud bien conocida en nuestro ámbito, que tiene que ver más con el compromiso por cumplir que por involucrarse de manera activa y genuina en la reflexión de aquellos temas que convocan la participación.

En este caso, la convocatoria nacional a desarrollar esta revisión institucional de reglamentos internos dentro de las comunidades educativas nos hace pensar en cuál es el rol participativo de quienes se convoca a este tipo de instancia. La revisión de reglamentos internos propuesta implica usar un recurso reflexivo importante, así como la oportunidad de instalar conversaciones necesarias y urgentes en torno a temas claves dentro de la vida escolar; que probablemente a la fecha, no han podido ser consensuados de forma que su aplicación satisfaga las necesidades y motivaciones de todos quienes participan de la vida y experiencia educativa.

Para que este tipo de jornadas rinda los frutos esperados, habría que recordar una premisa básica en la convivencia, que dice relación con la necesidad siempre de conversar antes de actuar. Parafraseando las palabras del sociólogo Manuel Canales, conversar es una manera de alcanzar el sentido, de manera que vincule, pero no ate. La búsqueda del sentido es común, pero la conversación logra que se activen consensos manteniendo la autonomía de quienes participan de la conversación, sin que terminen atados a una pérdida de una parte de su experiencia y su necesidad; su verdad.

Rescatar los principios básicos de conversar para acordar y tomar decisiones es esencial para quienes se interfieran en los procesos de cohesión y convivencia escolar en el país, para que lo que quede como resultado (lo que dicen los reglamentos internos escolares) no sea saber que excluye la verdad de algunos.

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